Columna de Opinión

Oportunidad para la opo

13-05-2018 Comentar

Por Mario Wainfeld.  Pifió feo el Gobierno cuando creyó que la rotunda victoria en las urnas lo habilitaba para incumplir el contrato electoral y virar (aún) más a derecha. 


Cayeron en el papelón quienes supusieron que el debate parlamentario sobre interrupción voluntaria del embarazo encendería una cortina de humo, que distraería a la sociedad civil de otros conflictos.




                                      Resultado de imagen para auditorium
                                            Imagen: Jorge Larrosa



Dicho sea al pasar: los acontecimientos de este año y estas semanas refutan bastante a los apologistas del “soft power” macrista. La política económica copa el centro de la escena y la comunicación queda relegada a maquillar los traspiés del presidente Mauricio Macri y su equipazo (ver nota principal).

La sociedad civil se implica en la polémica sobre el derecho a decidir mientras resiste la mayoría de las medidas del Gobierno.

Tanto que, en menos de cinco meses, Macri perdió la pole position para las presidenciales. De momento, está desierta: en política no rigen las mismas reglas que el automovilismo deportivo… salvo a la hora de la competencia en la que alguno (y solo uno) prevalecerá.

La dinámica desatada por el oficialismo empuja a los sindicatos, las organizaciones sociales y los demás partidos a la oposición que, unida, consigue mayorías parlamentarias. Una virtud insuficiente, pongalé. Lo positivo es que representa reclamos de la gente común: la ley de suspensión del tarifazo da un ejemplo acabado. La falencia finca en que falta una propuesta convocante, que abra un horizonte, además de actuar como ala de la resistencia social. 

El desafío viene en combo con la necesidad de articular una coalición electoral competitiva y, eventualmente, triunfadora.

- - -
Los precedentes históricos son irrepetibles como calco, pero didácticos como orientación.

El peronismo se consolidó para relevar al presidente radical Raúl Alfonsín con la interna abierta entre Carlos Menem y Antonio Cafiero. Pacífica, adecuada al clima de la época. Con la ventaja comparativa de contar con una amplia base electoral, muy predispuesta. Y un Gobierno que se caía a pedazos.

La Alianza congregó al radicalismo herido y al Frepaso en ascenso cuando ninguna de las dos fuerzas se bastaba para vencer.

El presidente Raúl Alfonsín y el ahora ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez coincidieron en un objetivo infrecuente: construir una alternativa a sabiendas que no la lideraría ninguno de ellos, sino Fernando de la Rúa.

Cambiemos se dio maña para articular al universo no peronista o antiperonista. La ingeniería se benefició por la coexistencia de una fuerza dominante (el  Pro de Macri) y otras visiblemente más pequeñas. El dirigente social cristiano Carlos Auyero enseñaba que es más factible plasmar una entente entre un partido hegemónico y otros “resignados” a participar como socios menores, que otra entre rivales parejos. La primera está ordenada de antemano: el sol y los planetas. La otra, supeditada a internas que, a fuer de parejas, pueden ser expulsivas o virulentas.

El panperonismo afronta la paradoja de aprender de Cambiemos, para no ponerle en bandeja a Macri un escenario divisivo como los que facilitaron la elección y la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Palpar el clima, interesar a los indiferentes, recuperar adhesiones, expresar al conjunto vastísimo de perjudicados por el Gobierno.

Los sectores o dirigentes que imaginan un panperonismo sin Cristina o (en rápido tránsito) sin el kirchnerismo –entiende sin originalidad este cronista-desisten de contar con la fracción interna más dinámica, la que suscita mayor adhesión entre los humildes y los jóvenes. Por error o por designio, “juegan a perder”.

La opo avanzó menos que lo retrocedido por el gobierno. Los períodos sin comicios, a diferencia de los electorales, no son juegos de suma cero.

- - -
Ahora dicen que Macri ansía apurar el tratamiento de las tarifas en el Senado y apurar rápidamente el mal trago del veto. Para sacarse el incordio de encima, para hacer los deberes ante el Fondo Monetario Internacional. Vaticinar los costos políticos de la movida es prematuro, aunque vale la pena anticipar que sería necio medirlo en encuestas inmediatas. El desprestigio se consolidará o aminorará con el tiempo. Hagan sus apuestas.

- - -
Todavía sobreviven quienes piensan que el Mundial de Fútbol, –conviviendo con el invierno, las boletas con tarifas exorbitantes, más despidos y estanflación– distraerá la atención ciudadana. Otra cortina de humo, una tregua social. En fin…

La fiesta del fútbol entretendrá, llamará la atención, emocionará y “parará el país” en cada partido que juegue Argentina. Siete, en el mejor de los casos. La resistencia y “la política” no se tomarán licencia.

Entre tanto, cualquiera tiene el derecho (todavía gratuito) a apasionarse y, por caso, darle consejos al DT de la Selección. Cualquiera, uno mismo. Sampaoli, querido: Armani y Dybala son argentinos, Pavón tiene que ser titular contra Islandia. O el primer suplente que entre en el segundo tiempo, por lo menos.

Página 12

Mario Wainfeld, Mauricio Macri

Se el primero en comentar

Deje su comentario

Codigo