Columna de Opinión

Magistratrucha

19-08-2017 Comentar

La primera movida de Cambiemos después de ganar en 2015 fue avanzar sobre la Magistratura. La primera después de las elecciones recientes fue igual: avanzó sobre la Magistratura para aprobar el juicio político al juez Eduardo Freiler. Las dos veces la maniobra fue denunciada al mismo juez, Enrique Lavié Pico. El juez cajoneó la denuncia contra Cambiemos de 2015 y en la otra falló velozmente para perjudicar al kirchnerismo.




 Y la Corte retrasó la jura de un reemplazo para darle tiempo al macrismo. La primera operación del macrismo después de las elecciones ha sido enviar una fuerte señal a los jueces y fiscales que molesten al gobierno. Sin independencia de poderes, con las corporaciones mediáticas oficialistas y los servicios de inteligencia a su disposición, más el poder económico, el país es una cancha inclinada que siempre favorece a los mismos jugadores. Y en la suma del poder público más toda la maquinaria mediática y uniforme se configura un sistema al que la ex presidenta Cristina Kirchner definió, sin exageración de opositora, como una democracia en “estado de emergencia”.

Después de cada ciclo de reformas, llegó un ciclo reaccionario. Así fue tras el gobierno de Irigoyen, así fue después del 55 y en el 76. Fueron golpes militares, pero de partida tuvieron un masivo respaldo civil. Sin ese respaldo, era difícil que los golpes se hicieran efectivos. El discurso violento de la oposición, el trabajo de zapa de los grandes medios de cada época –todos golpistas y la mayoría de derecha–, pudieron romper la defensa de los beneficios objetivos que la sociedad logró en cada uno de esos ciclos. En Argentina esos ciclos no estuvieron protagonizados por fuerzas socialdemócratas, como sucedió en otros países, sino por grandes movimientos nacionales y populares que surgieron de afluentes diversos.

La derecha siempre dice que es democrática. Todos los golpes se hacen en defensa de la democracia, la moral y la república. El discurso moralista, democrático y republicano siempre fue usado por la derecha para deponer a gobiernos populares acusándolos de autoritarios y así instalar en su reemplazo gobiernos realmente autoritarios, y lo de republicanos te la debo. La fase de reformas que implicó el kirchnerismo generó también un campo fuertemente reaccionario. La tradición de los movimientos populares del siglo pasado implicaba también formas de manejo del poder político con las que trataban de equilibrar la concentración del poder económico y las resistencias de los sectores privilegiados. El kirchnerismo evitó con bastante éxito esos mecanismos. 

Desde el punto de vista histórico puede ser importante que esta vez la derecha no llegó al gobierno por un golpe militar sino por una elección. Pero de todas maneras lo que la sigue definiendo es su papel como fuerza de rechazo a los procesos de cambio reales introducidos por gobiernos populares. Cada vez que reemplazó a los gobiernos que criticaba, fue más autoritaria y, al mismo tiempo, su acción de gobierno se centró en tratar de deshacer los progresos que se habían alcanzado en el ciclo anterior. El programa de cualquier gobierno se reconoce en su gestión. El verdadero programa de todos los gobiernos de derecha que reemplazaron a gobiernos populares, consistió en medidas de gobierno antinacionales y antipopulares y siempre fueron más autoritarios y menos respetuosos del republicanismo.

No es nuevo ese fenómeno y la derecha ha demostrado que no es más democrática ni republicana que los gobiernos populares. La pregunta es por qué ese discurso que se repite en la historia es capaz de penetrar construcciones que vuelcan un fuerte beneficio real sobre la sociedad.

El discurso republicano ya no parece tan importante cuando consiguen el gobierno. Toda la maniobra irregular y oportunista que acaba de realizar el macrismo en la Magistratura no provoca indignación entre sus seguidores. El presidente Mauricio Macri los felicitó y el diputado Juan Pablo Tonelli, representante de Cambiemos en la Magistratura, dijo que los kirchneristas “se quedaron dormidos”. La manipulación de la carga de votos, el domingo pasado, que dio lugar a que el público viera que el perdedor festejaba como si hubiera ganado, fue calificada por Margarita Stolbizer como “una picardía”. Tampoco el discurso de la moral aparece entre las prioridades: los seguidores del macrismo encuentran justificaciones inverosímiles para los Panamá Papers y para todos los escándalos de corrupción que ha tenido este gobierno en tan poco tiempo. 

La paradoja se acentúa porque es el principal argumento que se escucha para explicar el aluvión de votos que tuvo Elisa Carrió en la CABA. Carrió misma, en el pasado, denunció con dureza a Mauricio Macri y dejó de hacerlo cuando se convirtió en su aliado. Los que la votaron no advierten o niegan esa contradicción tan evidente.

El proceso plagado de irregularidades contra Milagro Sala, con la designación de jueces parciales del partido radical, familiares del gobierno, además de fiscales especiales y testigos comprados que ahora trabajan en el gobierno de Gerardo Morales, todo esa maquinaria antirepublicana no afecta al voto de Cambiemos. 

Es cierto que todo el mundo decía que iba a ganar por mucha diferencia y que no fue así. Pero gran parte del voto de 2015 se mantuvo fiel a este gobernador cesarista que ha sido denunciado por los organismos de derechos humanos de la OEA y la ONU por atropellar los derechos humanos y la independencia del Poder Judicial. Ni siquiera la desaparición forzada de Santiago Maldonado, como símbolo más descarnado de terrorismo de Estado impactó en el voto supuestamente moral y republicanista de Cambiemos.










Página 12 (Luis Bruschtein)

Cambiemos, Elecciones, Gobierno, Macri, Magistratura

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