Columna de Opinión

Esclavos del Viento

20-08-2017 Comentar

Cuando la realidad pesa, en los bolsillos - porque lo que se gana no alcanza para pagar lo que se debe - en los estómagos - porque lo que se come nunca es igual al hambre que se tiene - en la conciencia - porque lo que se siente sobre la carne no coincide con el discurso que a fuerza de repetición resuena como un eco en la mente – es natural querer andar más liviano.


(Imagen ilustrativa)


La levedad se presenta como una salida y por un momento se tiene la convicción de que si uno se vuelve lo suficientemente leve, flotará libre sobre la realidad que, cuando se la toca, duele.

En la carrera por conquistar el vacío, el discurso político se ahueca y edulcora para volver digerible el presente amargo. Llevado por estas palabras sin peso uno se desprende de la carga de tener que pensar, argumentar o indagar sobre cuestiones políticas y mansamente flota. Con la realidad en retirada, la política deja de ser debate acerca de cómo modificarla, y se transforma en anécdota, denuncia, color, cotillón. La política, alivianada de cualquier responsabilidad por lo que se padece y eximida de cualquier tarea de remediarlo, se vuelve para la ciudadanía un juego con recompensas simbólicas donde lo que importa es estar del lado del ganador aun si uno no ha ganado nada. 

Cuando la política es sólo juego, el fraude electoral se vuelve picardía, la estafa a la ciudadanía por incumplir las promesas de campaña se trastoca en estrategia, la desaparición forzada de personas es sólo una ausencia, los dictámenes de la Comisión Interamericana por violación de derechos humanos son apenas sugerencias, los pobres son asalariados a los que se les paga por mendigar en las esquinas, el incremento de la jubilación por debajo de lo que pierde frente a la inflación es un “aumento”, y un conjunto de funcionarios que sólo intentan promover sus intereses, y los de aquellos a quienes sirven, es un gobierno. 

Cuando la política es sólo juego y uno se desprende de todo lo que pesa, entonces uno flota plácidamente y, aunque se siente libre, sólo es esclavo del viento que lleva para donde sopla. Si Ud., en cambio, es un militante al que la política le importa y se encuentra apesadumbrado porque todos los días carga la realidad sobre sus hombros, no desespere: en tiempos turbulentos, si uno no quiere ser esclavo, es bueno no andar liviano.










Hugo Seleme

Esclavo, Viento

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