PANORAMA ECONÓMICO

Columna de Opinión

Crisis

09-06-2018 Comentar

El Gobierno de Mauricio Macri no fue al FMI para evitar una crisis, como se esmera por instalar en la opinión pública el discurso oficial, terminó en el Fondo Monetario a consecuencia de la crisis previa, cuya gravedad puede mensurarse en la necesidad de pedir un rescate de 50 mil millones de dólares.




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                                                   Imagen: N.A


Cuando el Presidente anunció hace un mes, el 8 de mayo, su llamado a Christine Lagarde para pedir socorro, el dólar llevaba una carrera imparable que lo había hecho saltar de 20,47 pesos el 20 de abril a 22,33 pesos diez ruedas más tarde. El Banco Central a esa altura ya había subido tres veces la tasa de interés, del 26,75 al 40 por ciento, y había sacrificado más de 6000 millones de dólares de las reservas. La situación es tan grave que entre ese día y anteayer la divisa escaló a 25,55 pesos y la pérdida de reservas superó los 13.000 millones. Ayer el dólar siguió avanzando y cerró a 25,98 pesos. Sin el apoyo decidido de Estados Unidos y los organismos multilaterales la crisis ponía el riesgo hasta la gobernabilidad. Ahora el Gobierno relata un cuento de hadas, pero en rigor lo que se está viviendo es la entrega sin miramientos a las exigencias del lobo. Los 50.000 millones de dólares no son un regalo. Es deuda, y esa deuda genera una enorme carga de intereses que pesará por generaciones. Semejante cantidad de dinero no llega tampoco, por ejemplo, para desarrollar Vaca Muerta o potenciar el crecimiento económico, sino para emparchar un agujero en la cuenta corriente de casi 5 puntos del PIB. La estatización de YPF costó 5000 millones de dólares. Es decir, el costo de la dura crisis que vive la Argentina equivale a diez veces aquella medida, pero sin obtener ningún activo a cambio. Solo deuda. ¿Y por qué tanta deuda? Porque el Gobierno abrió la economía a las importaciones, desreguló el sistema financiero y el mercado cambiario, dando lugar a una fuga de divisas de a 30 mil millones de dólares por año –a propósito, habrá llegado el tiempo en que Juan José Aranguren recupere la confianza para traer sus dólares al país, lo mismo que Nicolás Dujovne y el resto del gabinete, o será como hasta ahora que las máximas figuras de Cambiemos piden sacrificios a la población con sus fortunas en guaridas fiscales o plazas del exterior–, financió los viajes y compras por el mundo por más de 10 mil millones de dólares al año y generó tanta desconfianza que en lugar de atraer masiva inversión extranjera habilitó el drenaje de divisas por repatriación de utilidades de las multinacionales a sus casas matrices. Esa es la crisis que vive la Argentina, y el pedido de ayuda al FMI como prestamista de última instancia es una de sus manifestaciones más evidentes.

  El ajuste fiscal pactado con el organismo por 500 mil millones de pesos en tres años, al tipo de cambio actual, obligará a nuevos aumentos de tarifas, recortes en la obra pública, despidos de trabajadores estatales, disminución en las transferencias de la Nación a las provincias, achicamiento en los presupuestos universitarios y para ciencia y tecnología, entre otras medidas. A la vez, la devaluación llevará la inflación arriba del 30 por ciento este año, causando nuevas pérdidas en el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Todo ello hundirá más el consumo y desatará, como se está viendo, el cierre de empresas y el aumento del desempleo. Macri define este escenario como expresión de buena salud, como “lo que hay que hacer” para evitar una crisis.


David Cufré


Página 12

Crisis, endeudamiento, FMI, Mauricio Macri

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